Beneficios de la sauna en personas mayores

beneficios de la sauna
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    La sauna es una práctica ancestral vinculada al bienestar, a la relajación y al equilibrio cuerpo-mente. Aunque tradicionalmente ha sido popular entre personas de todas las edades, en los últimos años han aumentado los estudios que analizan los beneficios de la sauna en personas mayores, especialmente cuando su uso se realiza de forma controlada y adaptada a las necesidades de esta etapa de la vida.

    Pero antes de profundizar en los beneficios de la sauna, conviene entender para qué sirve la sauna exactamente, qué tipos existen y si es realmente segura para adultos mayores.

    ¿Qué es una sauna y cómo funciona?

    Una sauna es un espacio cerrado diseñado para exponer el cuerpo a altas temperaturas de manera controlada. Este incremento de calor provoca una sudoración intensa y una respuesta fisiológica natural que ayuda al organismo a regular la temperatura. 

    Durante este proceso, los vasos sanguíneos se dilatan, la frecuencia cardíaca aumenta ligeramente y el cuerpo activa mecanismos de relajación, circulación y liberación de tensiones.

    Dependiendo del tipo de sauna, el calor puede ser seco o húmedo:

    • El calor seco alcanza temperaturas muy elevadas (70-90°C) con baja humedad.
    • El calor húmedo, característico del sauna de vapor, mantiene temperaturas más moderadas (40-50°C) acompañadas de vapor de agua.

    Ambos proporcionan beneficios, aunque la tolerancia puede variar en personas mayores según su estado de salud y sensibilidad al calor.

    Tipos de sauna recomendados para personas mayores

    Elegir bien el tipo de sauna es muy importante para disfrutar de los beneficios sin riesgos. Cada modalidad aporta efectos distintos y su tolerancia puede variar según la salud de la persona mayor.

    Sauna finlandesa (calor seco)

    La sauna tradicional utiliza calor seco a temperaturas altas, entre 70 y 90°C. Está muy estudiada y presenta numerosos beneficios, pero su intensidad puede resultar excesiva para personas mayores que no toleran bien el calor.

    Aun así, en personas con buena salud cardiovascular, esta sauna puede mejorar la circulación y generar una profunda sensación de relajación.

    Sauna de vapor

    La sauna de vapor, también llamada baño turco, trabaja con temperaturas más suaves (40-50°C) pero con una humedad muy alta.

    Los beneficios de la sauna de vapor incluyen hidratación de la piel, descongestión de las vías respiratorias y una sensación más suave y envolvente del calor.

    Además, muchos mayores consideran que los beneficios de la sauna a vapor son ideales para aliviar tensiones, favorecer la respiración y mejorar la sensación general de bienestar.

    Sauna de infrarrojos

    La sauna de infrarrojos es una de las favoritas en la tercera edad gracias a su temperatura moderada (40-60°C) y a su efecto profundo en músculos y articulaciones.

     Es una opción más suave, más progresiva y muy recomendable para mayores con artrosis, dolores musculares o sensibilidad al calor intenso. Suele ser la más elegida cuando se busca un equilibrio entre seguridad, relajación y eficacia.

    Tabla comparativa tipos de sauna

    Tipo de sauna Temperatura Humedad Tolerancia en mayores
    Finlandesa Alta Baja Media
    Vapor Media Alta Media
    Infrarrojos Baja Muy baja Alta

    ¿Es seguro que una persona mayor utilice la sauna?

    En la mayoría de casos, sí. Pero la seguridad depende del estado de salud individual. Una persona mayor saludable, bien hidratada y supervisada puede aprovechar los beneficios sauna sin ningún problema.

    Sin embargo, si existen enfermedades cardiovasculares no controladas, arritmias graves, deshidratación o infecciones agudas, lo más recomendable es evitarla.

    Es importante consultar con un profesional sanitario si la persona mayor presenta:

    • Hipertensión no controlada.
    • Problemas respiratorios complejos.
    • Tratamientos con diuréticos.
    • Diabetes con episodios frecuentes de hipoglucemia.

    La sauna nunca debe usarse si la persona tiene fiebre, mareos recurrentes o está recuperándose de una enfermedad aguda.

    Beneficios generales de la sauna para el cuerpo

    La sauna produce una serie de respuestas fisiológicas positivas que pueden beneficiar a personas de cualquier edad. Entre los efectos mejor documentados destacan:

    • Estimulación del sistema circulatorio, gracias a la vasodilatación natural provocada por el calor.

    • Activación del metabolismo, ya que el cuerpo trabaja para regular la temperatura interna.

    • Relajación profunda del sistema nervioso, que ayuda a disminuir la tensión mental y física.

    • Facilitación del descanso nocturno, debido a la liberación de endorfinas y a la sensación de bienestar posterior.

    • Apoyo a los procesos de limpieza del organismo, favoreciendo la eliminación de sudor y toxinas.

    En países donde la sauna forma parte de la rutina de salud, como Finlandia, se ha observado que un uso regular se relaciona con una mejor salud cardiovascular y una mayor sensación de bienestar general a largo plazo.

    Beneficios específicos de la sauna en personas mayores

    Además de los efectos generales, la sauna ofrece ventajas concretas en la tercera edad, donde la circulación, la movilidad o la calidad del sueño suelen verse afectadas.

    Varios estudios apuntan a que el uso regular de sauna puede ayudar a mejorar la presión arterial y favorecer el funcionamiento del sistema circulatorio.

    Aunque no es un tratamiento médico, sí puede complementar de manera saludable la rutina de bienestar de muchas personas mayores.

    Las personas mayores con artrosis, artritis o dolor muscular crónico pueden experimentar un alivio notable tras sesiones regulares. El calor aumenta la elasticidad de los tejidos y reduce la rigidez, lo que favorece una movilidad más cómoda y fluida.

    La exposición al vapor ofrece efectos descongestivos, por lo que los beneficios del sauna de vapor pueden resultar útiles cuando la persona mayor presenta congestión leve o sequedad nasal.

    Eso sí, quienes conviven con EPOC o asma deben pedir orientación médica antes de usarla.

    La sauna tiene un importante papel en la reducción del estrés y la ansiedad. El calor suave, la quietud y la sensación de desconexión generan un espacio de calma que puede mejorar el estado de ánimo y favorecer la sensación de bienestar emocional.

    Aunque no es una terapia, cada vez más mayores utilizan la sauna como apoyo para el dolor crónico, problemas circulatorios leves, fibromialgia, estrés crónico o dificultades para dormir.

    Además, en el caso de personas con Alzheimer en fases iniciales o moderadas, la sauna puede contribuir a mejorar el bienestar emocional, reducir la ansiedad y favorecer momentos de relajación, siempre con supervisión y teniendo en cuenta su tolerancia al calor.

    Riesgos y contraindicaciones de la sauna

    La sauna es saludable, pero no está exenta de precauciones. Debe evitarse en casos de fiebre, deshidratación, enfermedades recientes o mareos persistentes. 

    Si durante la sesión aparecen síntomas como náuseas, palpitaciones, debilidad extrema o sensación de calor insoportable, lo correcto es salir inmediatamente, rehidratarse y descansar.

    Para evitar riesgos, es importante no prolongar demasiado las sesiones y mantenerse siempre atento a cualquier señal de malestar.

    Uso correcto y seguro de la sauna

    Para disfrutar plenamente de los beneficios de la sauna sin riesgos, es esencial seguir pautas sencillas.

    Antes de la sesión

    • Mantener una buena hidratación.
    • Evitar comidas copiosas.
    • No entrar justo después de un ejercicio físico intenso.

    Durante la sesión

    • Permanecer entre 10 y 15 minutos.
    • Mantener una postura agradable y evitar cambios bruscos de temperatura.
    • Salir si aparece cualquier molestia.

    Después de la sesión

    • Rehidratarse y descansar.
    • Evitar duchas demasiado frías inmediatamente después.
    • Permitir que el cuerpo vuelva a su equilibrio natural.

    La frecuencia ideal suele ser de 2 a 3 sesiones por semana, adaptadas al estado físico y a la tolerancia de cada persona mayor.

    Entonces, ¿es recomendable la sauna en personas mayores?

    La sauna, utilizada con precaución y supervisión, puede ser una excelente herramienta de bienestar en personas mayores.

    Comprender para qué sirve la sauna, conocer sus límites y adaptar su uso a cada situación personal resulta vital para disfrutar de los beneficios de la sauna sin riesgos.

    En definitiva, la sauna no es un tratamiento médico, pero sí un complemento saludable que puede mejorar la calidad de vida en la tercera edad cuando se utiliza de forma responsable. 

    Lorena García

    Redactora Especializada en Asistencia Domiciliaria y Gerontología

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