Tensión baja en ancianos: ¿Cómo controlar la presión arterial?

Tensión baja en ancianos: ¿Cómo controlar la presión arterial?

Está bastante extendida la creencia de que la tensión arterial baja es preferible a la hipertensión (tensión alta) pero lo cierto es que las dos están lejos de ser la situación ideal. Las consecuencias de la presión baja también suponen un riesgo y que junto a otras complicaciones pueden afectar gravemente la salud.

Conocer las causas de la tensión baja, identificar sus síntomas y poner en marcha un tratamiento resulta fundamental, más aún en grupos de riesgo como es el caso de las personas de edad avanzada.

¿Qué es la tensión baja o hipotensión arterial?

Todos los órganos de nuestro cuerpo necesitan recibir suficiente sangre para su correcto funcionamiento. Esta irrigación se realiza a través del sistema cardiovascular o circulatorio, encargado de trasladar la sangre a todos los órganos y tejidos mediante una extensa red de arterias, venas y capilares funcionando de manera conjunta con el corazón.

La tensión arterial indica la presión con la que la sangre circula por esa red de vasos sanguíneos. Se han determinado unos valores de referencia para tener controlado este factor estableciendo que 120/80 mm Hg es la tensión normal. Por encima de esos valores se hablaría de hipertensión o tensión arterial alta, por debajo de esa cifra de referencia se trataría de un caso de hipotensión o tensión arterial baja.

Ambos escenarios representan un riesgo cardiovascular para quien lo padece, por lo que es necesario determinar el origen de esta condición para iniciar el tratamiento más adecuado.

¿Por qué se me baja la tensión arterial?

La tensión baja es una condición bastante común, pero no por ello debe pasar desapercibida. Basta una caída de apenas 20 mm Hg para que estos cambios de la presión arterial provoquen consecuencias de mayor o menor alcance en función de otras circunstancias que afecten al paciente.

Las causas de una bajada de tensión pueden tener un origen diferente dependiendo de cuáles sean las condiciones de salud general de cada persona. No obstante, de forma muy general, resumiremos varias de sus causas a continuación:

Consumo de medicamentos

Los antidepresivos, analgésicos y ansiolíticos suelen estar asociados a la tensión baja. Por otro lado, el tratamiento de la hipertensión mediante el uso de medicamentos diuréticos puede provocar justo el efecto contrario y ser uno de los motivos de tener la presión baja.

Abuso del alcohol

La mayoría de las drogas provocan un aumento de la tensión arterial a excepción del alcohol, cuyo consumo en exceso es una de las causas de la tensión baja.

Síncope vasovagal

La bajada de tensión por ansiedad es algo bastante frecuente. La sobreestimulación del sistema nervioso parasimpático como consecuencia de emociones muy fuertes (miedo, ansiedad, estrés, alegría, entre otros) por efecto del dolor o por la falta de ventilación, deshidratación y una subida de la temperatura corporal (lipotimia), hacen que la presión arterial disminuya.

Shock hipotensivo

Se produce cuando el riego sanguíneo ha quedado obstaculizado por algún motivo y, en consecuencia, la bajada de presión es muy brusca. Es el tipo de bajada de tensión que se manifiesta debido a un fallo cardíaco, a una pérdida considerable de sangre o a la septicemia.

Hipotensión arterial crónica

No figura entre las causas de presión baja más habituales pero no hay que perderle de vista. Al igual que muchas otras condiciones médicas, el paciente puede presentar los síntomas de la presión baja de manera crónica, normalmente asociados a otras patologías como la diabetes o la anemia. En estos casos no se considera que la tensión baja sea una enfermedad en sí misma sino la manifestación de otros problemas de salud.

Hipotensión ortostática

Un cambio de posición, por ejemplo, de estar sentado o recostado a ponerse de pie, puede hacer que la presión arterial caiga de manera repentina. Normalmente se trata sólo de unos segundos, el tiempo que necesita el corazón para volver a ajustar la tensión arterial. Este tipo de bajadas de tensión es especialmente habitual entre las personas deshidratadas, las embarazadas y los ancianos.

Signos y síntomas de una bajada de tensión

Ahora que ya sabemos a qué se debe la tensión baja es conveniente saber identificarla. Cuando se tiene la tensión baja aparecen una serie de síntomas fácilmente reconocibles:

  • Mareos
  • Náuseas
  • Aturdimiento
  • Síncope (desmayo)
  • Visión borrosa
  • Fatiga
  • Sed
  • Piel fría o húmeda
  • Vértigo
  • Palidez
  • Taquicardia
  • Respiración rápida y poco profunda
  • Inestabilidad (riesgo de caída)

La aparición puntual de algunos de estos síntomas de presión baja no debe ser motivo de alarma. De manera aislada, ninguno de estos síntomas refleja estrictamente la presencia de enfermedad o riesgo de enfermedad cardiovascular y es posible que se trate únicamente de una afección transitoria.

Entonces, ¿cuándo deberías consultar a un especialista? En el caso de los ancianos, esta es una condición delicada que debe ser valorada desde otra perspectiva. Los síntomas son solo la manifestación de un problema que puede ser mucho mayor por lo que habría que llevar un registro de las pequeñas alertas, de cómo se manifiestan y de qué se estaba haciendo en el momento de su aparición.

Cuando las lecturas de tensión arterial son sistemáticamente bajas es imprescindible estudiar las causas que hay detrás de ello. Hay que hacer hincapié en que los cuadros graves de presión baja, sobre todo en pacientes de edad avanzada, pueden ser mortales.

¿Qué hacer cuando se tiene la tensión arterial baja?

En el mercado existe un amplio espectro de medicamentos para la tensión baja que deben ser siempre prescritos por un médico especialista. Por otro lado, existen algunas pautas que desde Cuidum te recomendamos para la tensión baja que sería interesante poner en práctica para mitigar los síntomas de la hipotensión en el momento en que se manifiestan:

  • Aflojar las prendas de vestir para evitar que la persona afectada se sienta agobiada. Conviene que no haya muchas personas en la estancia y que esta disponga de espacio suficiente.
  • Tumbar boca arriba al afectado y elevar las piernas del suelo unos 45º. Esta posición favorecerá a la circulación para que el riego sanguíneo lleve oxígeno al cerebro y a otros órganos vitales.
  • Si la persona afectada presenta náuseas o mareos y hay posibilidad de que vomite, lo adecuado es recostarla de lado para evitar un eventual atragantamiento.
  • Cuando no se ha producido la pérdida de conciencia, la ingesta de agua y azúcares puede paliar los síntomas de la bajada de tensión de un modo más rápido. La hidratación y el incremento de la glucosa en sangre resultan muy beneficiosas en estos cuadros. En caso de pérdida de conciencia no se debe administrar ningún líquido o alimento.

Recomendaciones para la tensión baja en ancianos

Por otro lado, los ancianos que padecen de tensión baja, sobre todo cuando se trata de hipotensión ortostática y los episodios se dan con relativa frecuencia, deberían incorporar en sus rutinas diarias algunas de las siguientes pautas y hábitos saludables:

  • Evitar las comidas copiosas y demasiado grasas.
  • No permanecer inmóvil durante demasiado tiempo.
  • Levantarse o ponerse en movimiento de manera gradual después de un largo período de inactividad.
  • Emplear medias de compresión durante el día para mejorar la circulación en las piernas y evitar la formación de coágulos de sangre.
  • Colocar la cabeza en una posición más elevada que el resto del cuerpo a la hora de dormir.
  • Tomar paseos a diario, aunque sin realizar grandes esfuerzos físicos, mejorando la circulación sanguínea.
  • Informar al médico de esta condición para evitar el uso de medicamentos que favorezcan a la tensión baja.

La hipotensión ortostática o postural es frecuente en las personas mayores con edades por encima de los 65 años. Con todo, hay que recordar que la edad es un factor de riesgo en todos los tipos de hipotensión.

Más allá del malestar que provocan sus síntomas, una bajada de tensión puede acarrear consecuencias graves en el estado de salud de cualquier persona, especialmente en los ancianos, en tanto que se pueden sufrir caídas y desmayos o daños irreversibles en el cerebro y el corazón como consecuencia de la falta de oxígeno. Por lo que el diagnóstico y la supervisión por parte de un especialista son fundamentales.

Visionaria estratégica, amante de la comunicación, del marketing y de las ideas nuevas. Una latinoamericana en suelo europeo preocupada por el presente de nuestros mayores y el futuro de los jóvenes, empujando de a poco el marketing al servicio de la sociedad. Me enorgullece pertenecer a la gran familia de Cuidum, donde he podido direccionar mi brújula hacia el lugar y momento correcto. Este es mi ADN con el que trabajo día a día.

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