Cuidar a las personas mayores que viven solas

Cuidar a las personas mayores que viven solas

La vulnerabilidad de los ancianos que viven solos

Con el aumento de la esperanza de vida y los cambios en las estructuras familiares, es cada vez más habitual que las personas de la tercera edad opten por vivir solas en sus domicilios. Pero, sin el soporte familiar, social y profesional necesario, la soledad se convierte en uno de los factores de riesgo para la población anciana.

En un país como España, en el que la proporción de personas mayores de 65 años se mantienen en aumento según los datos estadísticos del Padrón Continuo del Instituto Nacional de Estadística (INE), el incremento del número de ancianos que viven solos supone también un aumento en el riesgo de sufrir depresión, caídas y/o accidentes domésticos en el hogar.  

Así lo reflejan algunas de las noticias que lamentablemente se han convertido en parte habitual de la actualidad del país. Ancianos desvalidos en sus hogares, robos en sus domicilios, rescates como consecuencia de accidentes domésticos, incendios e inundaciones en sus casas. La vulnerabilidad ya de por sí asociada a la edad adulta se pone de manifiesto con mayor relevancia cuando estas personas viven solas y no reciben la atención adecuada que ellos necesitan.

El informe “Un perfil de las personas mayores en España 2019”, revela datos poco alentadores sobre la situación de los ancianos en nuestro país. Se estima que hacia 2050 el censo de personas mayores de 65 años duplique el actual, con una mayor prevalencia de ancianos de más de 80 años, fundamentalmente mujeres. A tenor de estos datos y del evidente envejecimiento de la población, este es el momento de actuar para evitar que los problemas relacionados con ancianos que viven solos se cronifiquen en nuestra sociedad.

Riesgos asociados a la soledad residencial

Si el envejecimiento de la población es un problema, más aún lo es el hecho de que un alto porcentaje de estas personas vivan en soledad. Sea o no una decisión voluntaria, los riesgos asociados a la soledad residencial son un denominador común:

  • Mala alimentación: los ancianos que viven solos suelen optar por alternativas nutricionales poco saludables. Los malos hábitos en la alimentación junto a la falta de actividad social y a la vida predominantemente sedentaria son el desencadenante de problemas como la obesidad, la diabetes y otros trastornos cardiovasculares.
  • Medicación inadecuada: es habitual que las personas de la tercera edad tengan que estar pendientes de tratamientos farmacológicos. La vida en solitario incrementa el riesgo de olvidos o la dejadez a la hora de solicitar ayuda médica frente a determinadas condiciones de salud.
  • Falta de higiene: las dificultades que para muchos ancianos implica la hora de la ducha y la necesidad de adaptar las condiciones del cuarto de baño para simplificar estas maniobras hará que muchas de estas personas que viven solas abandonen progresivamente sus hábitos de higiene diaria.
  • Accidentes domésticos: los problemas de movilidad y coordinación, la pérdida de memoria y la merma de otras facultades básicas para el desarrollo de una actividad normal son los responsables de la mayoría de caídas, incendios e inundaciones que se producen en los domicilios de los ancianos que viven solos.
  • Ausencia de interacción social: la falta de contacto con el entorno deriva en trastornos en su estado de ánimo. La condición anímica y los estados de depresión influyen en la aceleración de los síntomas de otras enfermedades que afectan a la comunicación, a la memoria y favorecen el deterioro neuronal.

Cuidados domiciliarios al servicio del bienestar de los mayores

Uno de los aspectos que más se valoran en la contratación de servicios de asistencia domiciliaria es la garantía de que la persona al cuidado siempre va a estar en buenas manos. El factor acompañamiento es esencial en el equilibrio psíquico y emocional de las personas que no pueden valerse por sí solas.

Permitir que las personas de edad avanzada continúen residiendo en sus domicilios puede ser una gran ventaja siempre y cuando se hayan cubierto las necesidades básicas a través de servicios de asistencia en el hogar.

En función de las particularidades de cada individuo, los servicios de cuidados en el hogar pueden ser a jornada parcial, es decir, sólo durante unas horas al día, a jornada completa o incluyendo la pernoctación del cuidador o cuidadora en el caso de ser necesario. Lo importante es que las personas mayores se sientan siempre acompañadas, en un entorno saludable y estimulante que les proporcione energía y vitalidad.

A pesar de las complicaciones de salud, las limitaciones de movilidad o la merma de la autonomía, la vejez debería ser una etapa agradable para nuestros ancianos. En Cuidum te ayudamos a proporcionarle a tu familiar mayor y/o dependiente el bienestar y la felicidad que se merecen, incrementando su calidad de vida y descartando los riesgos comunes a los que se enfrentan cada día.

Para cualquier duda relacionada a nuestros servicios de cuidados en el hogar, ponte en contacto con nosotros y te asesoramos en lo que necesites.

Visionaria estratégica, amante de la comunicación, del marketing y de las ideas nuevas. Una latinoamericana en suelo europeo preocupada por el presente de nuestros mayores y el futuro de los jóvenes, empujando de a poco el marketing al servicio de la sociedad. Me enorgullece pertenecer a la gran familia de Cuidum, donde he podido direccionar mi brújula hacia el lugar y momento correcto. Este es mi ADN con el que trabajo día a día.

3 comentarios

  1. Maria del pilar alzate says:

    Ser cuidadora es la labor más gratificante como seres humanos porque es tener vocación y amor y eso lo tengo yo

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