¿Cómo enfrentar la enfermedad de nuestros padres mayores?

¿Cómo enfrentar la enfermedad de nuestros padres mayores?

El envejecimiento, la enfermedad o la muerte son temas que no resultan agradables para nadie. Sin embargo, forman parte de una realidad ineludible que tarde o temprano termina haciendo acto de presencia. Evitar las cuestiones relacionadas con el paso del tiempo o la enfermedad de nuestros padres mayores solo servirá para prolongar la angustia que nos provocan estos asuntos. Lo mejor para ellos y para nosotros es abordarlos con naturalidad y provistos de las herramientas necesarias para saber cómo afrontar los momentos más difíciles.

Envejecimiento y enfermedad: hijos que se convierten en cuidadores

Así como nuestros padres cuidan de nuestro bienestar desde que nacemos, hay un momento en el que los papeles se intercambian. El paso del tiempo, el envejecimiento y, en ocasiones, la enfermedad de los padres mayores, hacen que los hijos pasen a convertirse en los cuidadores de sus progenitores.

No es un cambio de roles sencillo ni para los adultos mayores ni para sus descendientes. Acostumbrados a vivir bajo el paraguas de protección de aquellos que cuentan con más experiencia en la vida, para los hijos resulta complicado asumir que esas personas que creían fuertes e invencibles poco a poco se vuelven más vulnerables.

También las personas mayores tienen dificultades para asumir algunas de las limitaciones asociadas al envejecimiento sin sentirse un problema para los familiares. Así pues, los sentimientos de culpa son algo frecuente por ambas partes: en los hijos por el temor de no estar preparados para la pérdida o el sufrimiento de sus seres queridos, y en los padres por la angustia que les provoca la posibilidad de convertirse en una carga impuesta.

Consejos para afrontar la enfermedad de los padres mayores

Asimilar que nuestros seres queridos envejecen es un proceso lento. El hecho de que este tránsito natural se pueda ver agravado por la enfermedad de los padres mayores supone un desgaste emocional que hay que aprender a sobrellevar del mejor modo posible.

No hay fórmulas mágicas. Afrontar el envejecimiento de los padres es una tarea que exige una gran predisposición a la hora de reinterpretar esos sentimientos de tristeza, angustia o estrés y abordar la vejez desde una perspectiva más beneficiosa para todos.

  • Enfréntate a tus temores. El miedo, la pena o el dolor son sentimientos que también forman parte de la vida. De nada sirve esconderse de ellos. Así como aceptas que en la vida hay momentos felices, es necesario asumir que la tristeza es la otra cara de la moneda.

  • Comparte tus dudas y tu ansiedad. Para aprender a manejar los sentimientos menos agradables antes hay que saber comunicarlos. Hablar de estos temas con una persona cercana o incluso recogerlos en un diario te ayudará a canalizarlos mejor, a normalizarlos y a permitir que formen parte de la realidad sin que ello suponga un problema.

  • Aprende, fórmate y mejora. Saber a qué te enfrentas y cómo hacerlo lo mejor posible hará que te sientas más seguro en tu nueva faceta como cuidador. Puedes buscar consejo en grupos de apoyo y afrontar la situación con personas que comparten tus mismas dudas e inquietudes en relación al cuidado de sus familiares mayores.

  • No olvides el autocuidado. Una dieta equilibrada, horas de descanso, vida social y momentos de intimidad. La enfermedad en los padres mayores también provoca un desgaste en quienes cuidan de ellos. No pierdas de vista tu propia salud.

  • Practica deporte. La actividad física funciona como un catalizador de todos esos sentimientos negativos que suponen una carga demasiado pesada. Mantenerte en activo te ayudará a aligerar ese peso, a ver las cosas desde otra perspectiva y a descansar mejor.

Cómo ayudar a nuestros padres cuando envejecen

El primer paso es aprender a manejar nuestros propios sentimientos. Pero una vez asumido ese papel como cuidadores, ¿cómo debe ser la relación con nuestros familiares mayores para garantizarles una vejez plena y feliz?

  • Trátalos como adultos: hay cierta tendencia a infantilizar el tratamiento que se le da a las personas mayores. Por grave que se plantee la situación, los problemas hay que abordarlos desde la perspectiva de dos personas adultas. Aunque sean más vulnerables o tengan necesidades especiales, no se han convertido en niños.

  • Sé paciente: el ritmo ha cambiado. Tanto mental como físicamente, todo se vuelve más lento. Asumir esos cambios lleva su tiempo, por eso hay que ser pacientes, comprensibles, tolerantes. Si en algún momento te sientes frustrado, trata de ponerte en la piel del otro.

  • Sigue creciendo con ellos: aunque los papeles se han intercambiado y ahora son ellos los que dependen más de tus cuidados, no hay motivos para pensar que no pueden seguir enseñándote cosas. Aprovecha cada momento de su compañía para recuperar recuerdos pasados y construir recuerdos futuros.

  • Conserva la alegría y el optimismo: achaques, enfermedades o problemas de movilidad pueden complicar la vejez. Debes estar preparado para asumir sin tristeza las nuevas limitaciones. La alegría es contagiosa y es la mejor medicina en los momentos difíciles.

  • Busca tiempo de calidad: en el parque, con la familia o cuando estés a solas con ellos. Busca la plenitud de cada momento, agradece y comparte. No te dejes nada en el tintero y no des por hecho que tus padres son conscientes de los mucho que los quieres. Demuéstralo con acciones y también con palabras.

El cuidado de los padres mayores no es una tarea exclusivamente femenina

Cuando llega el momento de asumir el rol de cuidadores de los padres, es muy habitual que sean las mujeres de la familia las que asuman toda la responsabilidad. Es una visión muy tradicional de la asistencia a las personas mayores que, de forma injusta, se ha impuesto como norma general.

Pero cuidar de un familiar nunca debería ser ni una obligación ni una imposición, ni mucho menos una tarea exclusivamente femenina. Es una oportunidad de devolver a nuestros seres queridos el cariño y los cuidados recibidos. No obstante, este cambio de roles exige tiempo, organización y dedicación. Todas estas responsabilidades no pueden recaer sobre una única persona, sea hombre o mujer, sino compartirse en el ámbito de la familia para aligerar el gran esfuerzo que supone cuidar de una persona mayor.

¿Necesitas ayuda para manejar la enfermedad de tus padres mayores?

Entre los muchos requisitos imprescindibles en un cuidador está el tiempo. Mientras que todas las demás aptitudes se pueden ir aprendiendo con la formación o con la práctica, la falta de tiempo es una carencia a la que muchas familias no logran encontrar solución. Trabajar con personas mayores, sobre todo cuando están enfermas o tienen limitaciones de movilidad, exige mucha dedicación.

Si la situación de supera, piensa que no estás solo. En Cuidum te ofrecemos diferentes alternativas para el cuidado de mayores a domicilio que se adaptan a las necesidades de tu día a día. Cuidadores por horas, nocturnos, los fines de semana o cuidadores interinos que acompañen a tu familiar las 24 horas de día. Profesionales del ámbito asistencial que harán su vejez mucho más llevadera y te permitirán disfrutar con tus padres de los mejores momentos de esta etapa.

Especialista en envejecimiento y cuidado domiciliario. Siempre al día de las últimas tendencias sobre envejecimiento y esperanza de vida de la sociedad, para poder ofrecer la mejor información y asesoramiento familiar a nuestros usuarios.

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