Consejos para prevenir los efectos de la ola de calor en los mayores durante verano

Consejos para prevenir los efectos de la ola de calor en los mayores durante verano

Este 2020 tendremos un verano atípico. Hasta que no exista una cura efectiva para la Covid-19, también las vacaciones estarán condicionadas por una serie de consideraciones de seguridad muy a tener en cuenta, sobre todo cuando existen personas mayores a nuestro cuidado. A las precauciones habituales para prevenir los efectos de la ola de calor y del sol en exceso se suman otras medidas de importancia con el objetivo de mantenernos seguros frente al contagio y permitirnos disfrutar del verano de la mejor manera posible.

Nosotros hemos cambiado, pero el sol es el mismo

En esta época son frecuentes las olas de calor, aquí tienes recomendaciones en el cuidado de personas mayores o personas con enfermedades crónicas que requieren de una atención especial para mejorar su bienestar y prevenir complicaciones.

Seguramente ya sabemos lo importante que es una ingesta abundante de líquidos, especialmente agua, a lo largo del día. Es importante tomar al menos dos litros diarios. Es habitual que los mayores no sientan sed, por ello es labor del cuidador la de incentivar y ofrecerles agua a menudo.

¿Cuáles son los efectos del calor en las personas mayores?

El organismo humano vive en un rango de temperaturas aproximado entre los 18º y los 26º que resultan ideales para mantener bajo control el calor natural del cuerpo, esto es, unos 36º o 37º. Son muchos los factores que pueden modificar esta temperatura, desde la actividad física hasta enfermedades o incluso los ciclos menstruales en el caso de las mujeres en edad fértil.

Sin embargo, es la temperatura ambiente que exista en el entorno la que afecta de forma más cotidiana a nuestro cuerpo a la hora de conservar su calor ideal. Si el organismo baja de 18º o sube más de 40º por cualquier razón, las alteraciones tardarán poco en aparecer pudiendo llegar a ser causa de muerte.

Esto ocurre en demasiadas ocasiones durante el verano cuando aparece la ola de calor y las personas más vulnerables, como son los ancianos, se ven expuestos a temperaturas muy por encima de lo que sus cuerpos están preparados para soportar. En el caso de las bajas temperaturas la persona instintivamente tiende a abrigarse más para combatir la sensación de frío, sin embargo, en el caso de las altas temperaturas es algo más complicado. Son muchas las personas que no conocen los mejores métodos para combatir el calor y evitar que el organismo ponga en marca de manera natural sus propios métodos de combate para refrescarse.

El más evidente de estos recursos que presenta el cuerpo de forma natural es la sudoración. Se trata de un sistema muy eficiente que humedece la piel para bajar su temperatura. El método es eficiente pero puede dar lugar a la deshidratación de una persona mayor que no detecta de forma clara la sensación de sed.

Hay que saber también que en entornos con una alta humedad relativa en el ambiente, el método de sudoración será mucho menos eficiente puesto que la evaporación del sudor será mucho menor y, en consecuencia, la pérdida de calor también se reducirá.

Por otro lado, el organismo cuenta con otros métodos para disminuir su temperatura en momentos de necesidad. Este es el caso de la vasodilatación, es decir, el aumento en el grosor de los vasos capilares más cercanos a la piel. Esto aumenta el flujo de sangre hacia esta zona para acercarla al exterior del cuerpo y conseguir una bajada de su temperatura. Sin embargo, este proceso que en personas de edad media puede ser altamente eficiente, en personas de avanzada edad puede suponer un enorme riesgo ya que implica un aumento considerable de la frecuencia cardíaca.

Es por esta razón que el calor y los ancianos no son buenos compañeros y es conveniente tener en cuenta una serie de consejos básicos para el cuidado de las personas mayores. Es importante seguir estas recomendaciones durante el verano en general y en los momentos específicos en que hace su aparición la temida ola de calor.

Síntomas del calor excesivo

Cuando la temperatura del cuerpo pasa de su límite durante mucho tiempo, empieza a aparecer una serie de síntomas que dan señales de que algo no funciona adecuadamente. Las personas que estén cerca de ancianos deben conocer estos síntomas para prevenir de forma adecuada los efectos de la ola de calor sobre los más mayores.

  • Cansancio excesivo: Cuando la persona comienza a sentir un agotamiento constante y sin causa aparente conocida se puede tomar como signo de alarma. El anciano afectado puede presentar debilidad, ansiedad, taquicardia o incluso confusión mental. No hay que olvidarse de comprobar la temperatura corporal.
  • Calambres: Los músculos se ven afectados por la falta de electrolitos que deriva de la deshidratación, el resultado son espasmos que causan dolor y que suelen presentarse en las extremidades o en la zona abdominal.
  • Golpe de calor: Si no se pone remedio a la deshidratación y el agotamiento se puede llegar a este punto y derivar incluso en la muerte de la persona afectada. Detectaremos una subida de la temperatura corporal, dilatación de las pupilas, vómitos, desorientación y temblores.

Consejos a seguir para prevenir golpes de calor

Es imprescindible evitar que suceda todo lo mencionado anteriormente y proteger a las personas mayores en los momentos de más calor. Para ello hay que prestar especial atención a los ancianos, aconsejarlos e incentivarlos de manera adecuada.

Tras varias semanas de confinamiento, nuestro organismo debe readaptarse a los hábitos de alimentación y actividad que teníamos antes de la pandemia. En el caso de las personas mayores, esa transición es más lenta. Es recomendable que los familiares y los cuidadores de personas dependientes, ancianas o con enfermedades crónicas supervisen estos cambios con el fin de garantizar su bienestar durante el verano.

A los cambios que exige la nueva normalidad se suman otras variables como el aumento de las temperaturas, la humedad, el polvo en suspensión o los índices UV. Todas ellas, en mayor o menor medida, son responsables de los temidos golpes de calor, una situación fácilmente evitable si se aplican las medidas de prevención adecuadas.

Prevenir la ola de calor en personas mayores

Pasear es muy saludable, pero durante el verano es conveniente evitar salir a la calle en las horas más calurosas del día (entre las 10 de la mañana y las 5 de la tarde).

Para luchar contra las altas temperaturas podemos cubrir la cabeza de los mayores con un sombrero o gorra, usar ropa cómoda de algodón y de colores claros.

Para proteger la vista es necesario el uso de gafas de sol y permanecer en lo posible en la sombra.

Para el cuidado de los mayores,  la nutrición también es muy importante en verano, aumentando el uso de frutas y verduras frescas. Es recomendable tomar por lo menos cinco raciones de fruta al día. Evitar los alimentos muy grasos y aquellos que habitualmente se consumen a temperaturas elevadas, como guisos y caldos, ya que conllevan periodos de digestión mas largos. También evitaremos el consumo de alcohol y las bebidas con cafeína.

Deshidratación en la ola de calor

En caso de ver los siguientes signos de alarma de deshidratación consultaremos con el médico de forma urgente en el hospital o centro de salud más cercano:

Lo más frecuente es que haya una alteración del estado mental habitual. Se puede observar confusión, somnolencia o apatía.

  • Las caídas pueden ser otro signo en esta edad. El exceso de calor genera cansancio y agotamiento. Incluso con las actividades menos exigentes, conviene tomarse las cosas con calma.
  • A diferencia del niño o el adulto joven, la sequedad de la piel y las mucosas no son un signo confiable de deshidratación en el anciano.
  • El uso prolongado de la mascarilla puede dificultar la respiración y generar cierta sensación de ahogamiento en el anciano incrementando la sudoración y con ella la pérdida de agua. El cuidador debe prestar atención a cualquier cambio en el ritmo de respiración para garantizar el uso seguro de las mascarillas.
  • No olvides que prevenir siempre es mejor que curar. Mantén unos buenos hábitos de hidratación para que no se produzcan este tipo de situaciones.

Recomendaciones para afrontar la ola de calor

Los líquidos son fundamentales

Hay que procurar que las personas de avanzada edad beban agua de forma constante. El consumo de líquido debe prolongarse a lo largo del día y también durante la noche en pequeños sorbos. De este modo la hidratación va siendo paulatina y eficiente contrarrestando la pérdida de líquido derivada de la sudoración.

El alcohol está prohibido durante las épocas de más calor ya que deshidrata el cuerpo consiguiendo el efecto contrario al deseado. La cafeína y el exceso de azúcar se desaconsejan porque no calman la sed y no ayudan con eficacia a la reposición de líquidos. Incluso el abuso de zumos naturales puede resultar contraproducente en la dieta de las personas mayores debido a una mayor concentración de estos azúcares.

En cambio cuando las frutas se consumen en su estado original, le sacamos mayor partido a las vitaminas de la piel y a su alto contenido en fibra. Las vitaminas son necesarias para que, con ayuda del sol, nuestro cuerpo metabolice mejor determinados nutrientes. La segunda es imprescindible para garantizar el correcto funcionamiento del aparato gastrointestinal.

A pesar de mantener estas buenas pautas de hidratación, no debemos bajar la guardia ni siquiera en los días que se presenten menos calurosos. Ante el más mínimo signo de deshidratación, es recomendable añadir sales minerales y electrolitos al agua de consumo normal de la persona afectada.

Apostar por los alimentos adecuados

Las comidas son tan importantes como la elección e ingesta de líquidos. Es conveniente ofrecer a los ancianos comidas ligeras con gran cantidad de verduras y frutas frescas. En contraposición, es inadecuado el ofrecimiento de comidas grasas y muy especiadas que, además, dificultarán la digestión.

Las verduras y hortalizas que se pueden consumir sin necesidad de cocción (calabacín, lechuga, tomate, cebolla…) conservan un mayor porcentaje de enzimas beneficiosas para el organismo en relación a aquellas que pasan por un proceso de preparación.

Pasar la ola de calor en casa

Es clave mantener a las personas mayores en las habitaciones de menor temperatura. Las zonas interiores se encuentran más aisladas y suelen ser las que más frescas se mantienen durante el día.

Se debe cerrar las ventanas para que el calor no entre y echar toldos y persianas para evitar la incidencia directa del sol. Cuando llegue la noche convendrá aprovechar para ventilar y refrescar.

Si la temperatura de la habitación sigue siendo muy elevada dirija una corriente ligera de aire directamente hacia el cuerpo de las personas mayores. Un sencillo ventilador será el mejor aliado.

En caso de usar aire acondicionado, lo importante de cara a un uso responsable del mismo es no bajar de 24º o 25º en la configuración del aparato y apagarlo una vez refrescada la estancia. Si se mantiene la temperatura muy baja o se prolonga el uso del acondicionador durante muchas horas, se pueden derivar otros problemas de salud.

Cuando salgas a la calle

Las personas mayores no deben salir a la calle durante una ola de calor, especialmente en las horas centrales del día. Sin embargo, si fuese imprescindible salir, la persona deberá estar protegida del sol y vestida con ropa transpirable.

Este año hay que prestar especial atención a la incidencia del sol ya que nuestra piel está más sensible como consecuencia del confinamiento. Es muy importante emplear cremas protectoras de factor de protección solar alto (SPF 50) tanto en la cara como en el cuerpo. El uso de estos productos no debe limitarse a las jornadas de playa, campo o piscina, sino a cualquier momento del día en el que se realice alguna salida al exterior. También ayudará el hecho de caminar por la zona de sombra y usar otros elementos de protección como sombrilla, gafas, sombreros y pañuelos será una decisión muy positiva.

El anciano no debe realizar esfuerzos a nivel físico por lo que se recomienda el desplazamiento en vehículos acondicionados. No obstante, nunca se debe dejar a una persona mayor sola dentro de un coche durante una ola de calor.

En caso de que ocurra una emergencia hay que procurar bajar la temperatura corporal mojando al afectado, dándole aire o llevándolo a una zona más fría. Se debe ofrecer agua al anciano con un golpe de calor y llamar a emergencias de forma inmediata.

Salir de viaje con personas mayores durante la nueva normalidad

Aparte de todos los consejos y recomendaciones que ya hemos citados, salir de viaje con personas mayores a nuestro cargo presenta algunas particularidades durante esta nueva etapa. Una buena planificación de los desplazamientos, de la ruta y de las paradas facilitará mucho las cosas. Para que no se te quede nada en el tintero y recuerdes las características particulares de este verano, recordamos cuáles son los puntos más destacados del verano en la nueva normalidad:

  • No olvides las mascarillas. En el coche o en el lugar en el que te alojes con tus mayores no será necesario su uso mientras la persona a tu cargo se encuentre sólo con sus convivientes habituales. Es importante aprovechar esos momentos para ‘descansar’ de la mascarilla ya que estas pueden resultar agobiantes, sobre todo cuando hace mucho calor. No obstante, en el exterior y sin poder garantizar la distancia mínima de seguridad (entre 1,5 m y 2 m), será siempre obligatoria.

  • Hidrata bien la piel de los labios, la cara y la parte posterior de las orejas. El sudor y las mascarillas no son una buena combinación y pueden producir irritación en las pieles más sensibles.

  • Aprovecha las libertades que proporciona la nueva normalidad empleando el sentido común. A pesar de que se cumplan las restricciones establecidas por la ley, procura no ir con personas mayores a playas, restaurantes o terrazas demasiado concurridas.

  • Cuidado con los geles hidroalcohólicos y el sol. Debido a la propia composición de estos productos, no deben emplearse durante la exposición a los rayos UV ya que pueden provocar daños en la piel, especialmente en la de las personas de edad avanzada, que es mucho más sensible.

El éxito de la adaptación a esta nueva normalidad está en tomar conciencia de que el virus no ha desaparecido. Partiendo de esta base, podemos reajustar nuestras rutinas y las de nuestros seres queridos mayores para hacer que este verano sea lo más agradable posible. A pesar de las limitaciones, las semanas de confinamiento han sido tan duras que el hecho de poder disfrutar nuevamente de la calle, de los parques, las terrazas o las playas, supone una buena dosis de optimismo. Aprovechemos estas circunstancias para recuperar un poco de la ansiada normalidad y reponer energías durante los próximos meses de un modo seguro y responsable.

Llevo 25 años dedicándome al mundo empresarial en el ámbito sanitario. Actualmente en Cuidum, mis objetivos se basan en poner foco sobre las medidas que promuevan una vejez digna en la sociedad, atendiendo las necesidades de cada persona mayor dependiente y de su entorno familiar.

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