Soledad en la vejez ¿Cómo afrontarla?

Soledad en la vejez ¿Cómo afrontarla?
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La soledad es un sentimiento que se adopta durante la vejez, aunque no suele ser una decisión voluntaria. Existen circunstancias que desencadenan sentimientos de abandono, como la pérdida de un ser querido, el fin de la vida laboral, el alejamiento de familiares y amigos, o la eliminación de actividades de recreo.

Cambios de conducta

Los sentimientos de abandono generan cambios en nuestras actitudes conforme vamos envejeciendo. Nos puede invadir la tristeza, la amargura, la resignación y la apatía. Estas actitudes ocasionan una merma en nuestra calidad de vida, puesto que al sentirnos solos comenzamos a descuidar nuestra salud, disminuimos la actividad física, nos volvemos menos propensos a establecer conexiones sociales y nos encerramos en nosotros mismos. De esta forma caemos en depresión, lo cual afectará nuestro bienestar. Por lo tanto, se hace indispensable atender las necesidades emocionales de las personas mayores y dependientes. ¿Cómo lograrlo? Los ancianos precisan satisfacer necesidades de estima y reconocimiento. El aislamiento es nocivo para su estado de ánimo. Por ello son necesarias una serie de actividades dirigidas a disipar la sensación de desamparo.

Alternativas para afrontar la soledad en la tercera edad

Contar con el cuidado de una persona competente: cuando un familiar no puede hacerse cargo de la persona mayor lo ideal es ponerse en contacto con un cuidador, quien dedicará tiempo y esfuerzo para ocuparse de sus necesidades y ofrecerle compañía para que se sienta escuchado.

Convertirse en un voluntario: cuando la persona mayor conserva ciertas capacidades intelectuales y físicas puede seguir siendo útil para la sociedad. Puede ayudar en determinadas labores en parroquias, comedores sociales, centros de enseñanza, u ofrecer apoyo a otras personas mayores.

Visitas regulares de familiares y amigos: tanto la familia más cercana como los amigos son una fuente de bienestar emocional para compartir momentos agradables, charlas y actividades lúdicas.

Cursos para personas mayores y dependientes: una buena estimulación cognitiva es necesaria, por ello los cursos de informática son ideales. Se pueden establecer amistades con otros participantes durante el curso y el uso de internet será estimulante para la mente.

Asociarse a un club de jubilados: dependiendo del tipo de actividad que más le atraiga al interesado se puede emplear el tiempo para charlar, socializar, jugar cartas o compartir otras aficiones.

Realizar viajes y excursiones: la persona mayor puede vivir nuevas experiencias, conocer nuevos lugares y entablar nuevas amistades, siempre que su salud se lo permita.

Hábitos que contribuyen al bienestar emocional

No olvidemos que existen actividades que ayudan a combatir el aislamiento. Salir a pasear diariamente, ir al cine una vez por semana, establecer conversaciones con los vecinos, cuidar de una mascota, asistir a la iglesia, rodearse de personas jóvenes, leer, escuchar música, hacer gimnasia de mantenimiento o participar en bailes de salón son solo algunas de las recomendaciones.

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